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martes, 2 de agosto de 2016

El Nazismo en la Argentina: Marcelo García de Historias Lado B en la TV Pública

El Nazismo en la Argentina.
Entrevista a Marcelo D. García de "Historias Lado B" en el noticiero de la mañana de la TV Pública, martes 2 de agosto de 2016.

domingo, 31 de julio de 2016

El día que el Graf Zeppelin se posó sobre la Sedalana en Buenos Aires

El fantasma del Graf Zeppelin sobre la empresa de capitales alemanes "Sedalana" en el barrio de Coghlan, 
Buenos Aires, Argentina.  Costado del edificio sobre la calle Estomba. (Foto: Marcelo D. García / Historias Lado B)


Caminando por el barrio porteño de Coghlan, uno de los más apacibles caseríos de la Buenos Aires actual, se puede recorrer la manzana comprendida entre la Avenida Congreso y las calles Estomba, Quesada y Dr. Rómulo Naón. El lugar, en principio, no debería llamar particularmente la atención ya que lo que se ve en realidad es una enorme sucursal de la cadena de supermercados "Carrefour", un edificio que -por supuesto- no fue desde siempre parte del paisaje barrial.
Los emprendimientos pujantes que hicieron crecer al barrio y  le daban el "pan de cada día" a los vecinos habían ido llegando de a poco, como cuando en 1921 se instaló la fábrica de muebles "Barthel", a la que aún se puede ver sobre la calle Freire 3047, o incluso cuando se abrió la empresa "Nestlé" que instaló una bienvenida fábrica de chocolates en Núñez 4150 desde el año 1930.

Sin embargo, la firma que más interés (y puestos de trabajo) generó en la zona por aquellos años fue la "Sedalana", una empresa textil de capitales alemanes llegada a Coghlan en 1928. Quienes allí trabajaban, creían que el dueño era el alemán campechano al que veían cada santo día de sus vidas sentado tras el escritorio en la oficina ni bien entraban a la planta, pero en realidad los verdaderos dueños eran los influyentes germanos del consorcio Lahusen, uno de los mayores emprendimientos económicos, industriales y financieron de Alemania en prácticamente toda Sudamérica desde principios del siglo XX. Los Lahusen fueron verdaderos puntales para la llegada y el establecimiento en el país de muchos alemanes que -en adelante- serían absolutamente funcionales a la causa de Alemania y, por supuesto -desde 1930 en adelante- a los intereses de los nazis en esta zona del mundo. De hecho, los Lahusen tenían decenas de emprendimientos y estancias en la Patagonia de Argentina y eran dueños de incontables extensiones de terrenos en el sur del país.
La importancia de este poderoso consorcio alemán y el de sus empresas satélites, como la "Sedalana" por ejemplo, quedó palmariamente demostrada en 1934, oportunidad en la que los asombrados vecinos de Buenos Aires salían a las calles y subían a las terrazas para saludar el paso del gigantesco dirigible alemán "Graf Zeppelin".
La enorme nave de 236 metros de largo y 30,6 metros de circunferencia máxima; había zarpado desde Alemania conducida por el Doctor Hugo Eckener, que no era otro más que el mismísimo director de la compañía "Zeppelin" de dirigibles. Previamente había pasado por Brasil y, finalmente, el 30 de mayo de 1934 dejó ver su intimidante silueta sobre el cielo de Buenos Aires. El dirigible pasó por El Palomar, la zona militar de Campo de Mayo (en las afueras de la Capital) y también sobrevoló la Casa Rosada (sede del gobierno) y el centro porteño, pero extrañamente también pasó por Coghlan.
Los vecinos que curioseaban desde las veredas y que fueron testigos privilegiados del paso de la nave por el espacio aéreo barrial, creyeron cándidamente durante muchos años que esa inesperada "aparición" tenía como objetivo dar un saludo formal a los muchísimos empleados alemanes de la "Sedalana", pero los motivos fueron otros.
El dirigible permaneció largo rato suspendido sobre la fábrica textil. A través del cable que solía utilizarse como otro de los medios de comunicación con tierra cuando la nave se mantenía en el aire, se bajó y se subió importante y secreta información. No es posible establecer el tenor de ese traspaso, pero seguramente estuvo estrechamente relacionado con los fuertes intereses alemanes y nazis establecidos en la Argentina por aquel entonces. El "Graf Zeppelin" fue, por así decirlo, la cara más visible y la menos sospechada de la "quinta columna" de la Alemania de Hitler firmemente enquistada en el país.
Por supuesto que los eternos negacionistas trataron de hacer creer que nada de eso había sido efectivamente así. Lo lograron sólo a medias.
En los años '50 la "Sedalana" (tal como aún hoy en día se la sigue llamando) pasó a ser "Telesud", empresa que produjo los televisores Zenith para la República Argetina, hasta que -finalmente- mucho después llegó el actual "Carrefour". Pero nadie, absolutamente nadie, podrá olvidar la enorme sombra (también de dudas) que proyectó sobre el barrio la imponente silueta del "Graf Zeppelin" y los secretos que se llevaron a la tumba aquellos alemanes.


Marcelo D. García
Historias Lado B



Foto de arriba: 30 de junio de 1934, el Graf Zeppelin se posa sobre la "Sedalana" 
para saludar a los empleados alemanes y bajar el cable con información.
Foto de abajo: el mismo lugar en la actualidad es ocupado por una enorme sucursal 
de la cadena de supermercados Carrefour. (Foto: Marcelo D. García / Historias Lado B)





viernes, 24 de junio de 2016

Celestino Quijada, el hachero que vio a Hitler en el Cerro Otto de Bariloche

Celestino Quijada, el hachero que vio a Hitler en el Cerro Otto de Bariloche.


En este mundo los hay quienes creen que los investigadores históricos, los que nos paramos frente a la historia oficial con una mirada crítica, sólo pretendemos visitas masivas en nuestros espacios de internet y, en el mejor de los casos, vender miles de ejemplares de libros a los que no pocos incrédulos consideran como novelas fantásticas.
Claro que quienes se apegan al pie de la letra de la dudosa historia oficial, también tienen esas mismas pretenciones de éxito conmo los que somos (por así decirlo) descreídos de lo que siempre se nos ha contado como una inobjetable verdad. Y no está mal, ni en un caso ni en el otro.
Sin embargo, también están aquellos que lejos de optar por uno de los bandos en pugna, simplemente nos dejan sorprendidos y maravillados con sus relatos, sin tener la más mínima necesidad de decir una cosa por otra y -por supuesto- sin ninguna intención comercial.

Tal es el caso de Celestino Quijada, un hachero nacido en 1916 en la localidad de El Manso, un paraje rural del Departamento Bariloche, en la provincia argentina de Río Negro. De niño quedó huérfano y fue adoptado por una viejita que lo anotó en algún perdido registro civil del lado chileno.
Con el tiempo Celestino fue y vino entre Chile y la Argentina para finalmente quedarse en cercanías de Bariloche haciendo lo que mejor podía para ganarse el pan : darle duro al hacha haciendo leña.

Luego, entrados los '40, -como tantos- se enamoró del Peronismo llegando a pensar de su líder que “Perón abrió los ojos a todos los obreros, nos empezó a cuidar”.
Pero esa época no sólo le abrió los ojos frente a las políticas del Justicialismo que tanto le cambiaron la vida a quienes menos tenían y a quienes más iban a necesitar, sino que fue también fue el momento en que pudo convertirse en impensado protagonista de un hecho que no olvidó nunca jamás.
Un día, Celestino se metió entre los matorrales sureños, hacha en mano disponiéndose a trabajar.
Sin embargo, pese a la esperada rutina de cada día, aquella no fue -definitivamente- una jornada más.
Allí había un hombre, relajado y lejos de la preocupación mundana en la que estaban sumidos todos los demás.
Ese hombre era Adolf Hitler.

"Lo vi cuando mis patrones me mandaron a cortar ramas en una maderera junto al cerro Otto (Bariloche, Argentina). Estaba sentado en una silla y lo reconocí por las fotos del diario", contó Quijada (1).
Y no fue el único en verlo: "Mi mamá nos contó en distintas oportunidades que sus padres lo habían atendido en el reservado de la estancia San Ramón, ubicada en la entrada de Bariloche." (2), recordó Víctor Luego, uno de sus conocidos también entrevistado por los curiosos periodistas que llegaron a ese mismo lugar.

Por aquel entonces (1945) Don Celestino tenía 29 jóvenes años. El 12 de abril de 2016 llegó al centenario junto a su esposa y sus hijos. Siempre, cada vez que puede, vuelve a recordar ese misterioso avistaje del que nadie, bajo ninguna circunstancia, (dados los documentos que se tienen a mano) ya podrá llegar a dudar.

Marcelo D. García
Historias Lado B


Celestino Quijada, junto a su esposa y el más pequeño de sus hijos, 2015. (Foto: El Cordilerano.com)




(1): Declaración a la revista "Noticias"difundida el portal digital Perfil.com. en 2011.
(2): http://www.lagaceta.com.ar/nota/463843/mundo/vi-hitler-cuando-mis-patrones-me-mandaron-cortar-ramas.html

sábado, 4 de junio de 2016

La estancia nazi de los Rocha Miranda en Brasil

Un grupo de niños en un curioso campo de trabajo del monte brasileño. Paredes con Cruces Esvásticas labradas en los ladrillos y banderas adornadas con símbolos del III Reich alemán. 
Esta es la historia de la estancia nazi de los Rocha Miranda en Brasil.

Ladrillo con Cruz Esvástica en la estancia nazi de los Rocha Miranda en Brasil.


A finales de los años '30 José Ricardo Rosa Maciel era un jovencito que trabajaba en la "Estancia Santa Albertina", un enorme establecimiento rural enclavado en plena campiña de Cruzeiro do Sul, a unos 235 kilómetros al sudoeste de la ciudad brasileña de San Pablo.
Las tareas del campo y el cuidado de los animales a los que se dedicaba no daban la más mínima posibilidad de pensar en un quiebre de la almidonada rutina diaria, sin embargo "un día los cerdos rompieron una pared y cuando miré entre los ladrillos caídos pensé que estaba alucinando".
Aún sin poder creerlo, Rosa Maciel advirtío que cada ladrillo de ese muro estaba grabado con una Cruz Esvástica de cada lado.

Ladrillo con Cruz Esvástica y una vieja fotografía aérea de la estancia nazi .


Pasaron muchos años antes de que Maciel pudiera sacarse la duda y comprender que -efectivamente- no se trataba de una alucinación.
Gracias a las investigaciones del profesor de historia Sidney Aguilar Filho, supo finalmente que detrás de la aparición de Esvásticas en la granja existían en realidad estrechos lazos de sus propietarios con los fascistas brasileños y-por supuesto- con el Partido Nazi encabezado por Adolf Hitler en Alemania.

José Ricardo Rosa Maciel.


El profesor Filho estableció que el rancho había sido propiedad de Renato Rocha Miranda, cabeza de una familia de importantes e influyentes empresarios industriales de la ciudad de Río de Janeiro.
Él y sus hijos, Otavio y Osvaldo, eran además miembros de "Acao Integralista Brasileira", una organización política de extrema derecha que claramente simpatizaba con la causa de los nazis.
De hecho, la familia utilizaba la granja como centro de reuniones partidistas a las que asistían miles de simpatizantes.

Los Rocha Miranda en su feudo nazi.
Reunión de nazis brasileños en Santa Rita do Sapucay, en Brasil.


Fue también gracias a las posteriores investigaciones de Sidney Aguilar Filho, que quienes allí habían pasado tantos años supieron que en realidad habían sido parte de un siniestro plan que incluyó a niños abandonados e indígeneas que estarían obligados a cumplir tareas en un campo de trabajo.
"Encontré la historia de 50 niños, de alrededor de 10 años de edad, que fueron recogidos de un orfanato de Río de Janeiro. Llegaron en tres oleadas, la primera de 10 llegó en 1933", dijo Aguilar Filho, mientras que otro joven llamado Osvaldo Rocha Miranda solicitó por su parte -y obtuvo- la autorización para ser el guardián legal de esos huérfanos "rescatados" de diferentes centros de atención y salud.
"El (por el dueño de la Estancia) mandó a su chófer por nosotros, quien nos dejó en una esquina", recuerdó en declaraciones ante la prensa brasileña Aloysio da Silva, de más de 90 años ya, uno de los primeros huérfanos reclutado para trabajar en la granja, quien luego agregó que "Osvaldo (Rocha Miranda) apuntaba con un bastón… 'Trae a ese para acá, a ese también', decía. Y de 20 niños seleccionó a 10". (...) "Nos prometió hasta la Luna. Nos dijo que jugaríamos al fútbol, que iríamos a montar a caballo. Pero era todo un engaño. Repartieron un azadón para cada uno y nos pusieron a limpiar el terreno", continuó el anciano.
Las simpatías nazis de los Rocha Miranda -entre tanto- no sólo se limitaban a los ladrillos sino que también quedaban expuestas a la vista de todos cuando llevaban orgullosos los ejemplares vobinos y los cebúes que criaban a las más importantes exposiciones nacionales, marcados en su costado con una Cruz Esvástica a hierro y fuego.

Cruz Esvástica en el ganado de los Rocha Miranda.


Obligados a hacer el saludo Nazi de manera forzada y obligatoria, los niños eran habitualmente azotados con una palmatoria, que era una paleta de madera con huecos especialmente diseñada para reducir la resistencia al viento y causar más dolor (algo similar a las paletas de Paddle actuales).
Entre tanto, la vejación se completaba cuano a los niños no se los llamaba por su propio nombre sino simplemente por números. El de da Silva -de hecho- era el 23, mientras que varios perros guardianes se encargaban de mantenerlos a raya.
"Dijeron que jugaríamos al fútbol, que iríamos a montar a caballo. Todo un engaño. Repartieron una azada y nos pusieron a limpiar la tierra de raíces" (...) "Uno de los perros se llamaba Veneno, el macho. La hembra era Confianza", dijo alguna vez da Silva, quien continuó su relato asegurando que "Tenían fotografías de Hitler y estábamos obligados a saludar cuando pasábamos. Yo no entendía nada".

El "forzado" equipo de fútbol de los Rocha Miranda y la bandera con la Esvástica.
Aloysio da Silva, el niño número 23.


En medio de ese infierno indescriptible, el único momento de respiro para los huérfanos se daba cuando jugaban partidos de fútbol contra equipos de granjeros locales.
Lo curioso, sin embargo, es que -tal como ha recordado José Ricardo Rosa Maciel- el equipo de la estancia salía a jugar encabezado por una bandera de lo más peculair: una enseña que combinaba estrellas como en la bandera brasileña rodeando a una enorme Cruz Esvástica.

La bandera de Brasil junto a la de la estancia con la Esvástica y hoja con membrete del establecimiento rural.


El fútbol era una pieza clave de la ideología de la "Acao Integralista Brasileira" para fomentar trabajo en equipo, órden y disciplina, incluso en el estadio del Vasco de Gama se llevaban a cabo multitudinarios desfiles militares. Esos partidos -dicho sea de paso- también eran utilizados con fines propagandísticos por el gobierno del entonces presidente de facto Getulio Vargas.
"Pegábamos unas patadas al balón durante un rato y luego evolucionó", recuerda Argemiro dos Santos, otro de los niños (hoy un hombre muy mayor) que trabajaban en el lugar. 
"Luego comenzamos un campeonato. Éramos buenos al fútbol, eso no era un problema".
Pero, tras varios años de encierro forzado y sufrimento, Santos sintió  que ya había tendido suficiente.
"Había una puerta que dejé abierta. Esa noche me escapé por ahí y nadie me vio".

Argemiro dos Santos, su emdalla de la Segunda Guerra Mundial y la estancia en épocas actuales.


Santos logró sobrevivir al drama y la tragedia y cuando finalmente pudo regresar a Río de Janeiro ya tenía 14 años. Durmió a la intemperie y -entre otras cosas- trabajó como vendedor de periódicos. En 1942, cuando Brasil le declaró la guerra a la Alemania Nazi de Hitler, se enroló decidido en la armada como grumete, sirviendo mesas y limpiando lo que fuera necesario.
Había pasado de trabajar para los nazis a luchar contra ellos.
"Solo estaba cumpliendo con lo que Brasil necesitaba hacer", dice Santos. "No podía albergar odio por Hitler porque no sabía quién era".
Santos -como tantos de sus viejos niños compañeros- aseguró con el paso de los años que los recuerdos de la granja son imposibles de olvidar. Motivos no le faltaban. "Cualquiera que te cuente que su vida ha sido todo felicidad miente. Todos tenemos algún mal recuerdo a lo largo de nuestros días".



Marcelo D. García
Historias Lado B

sábado, 21 de mayo de 2016

Un extraño bunker destruído en Bariloche

El "bunker" dinamitado en Villa Tacul.


A orillas del Lago Nahuel Huapi, en una zona conocida como Villa Tacul (muy cerca del famoso Hotel Llao-Llao) a una veintena de kilómetros de la ciudad rionegrina de Bariloche, se las puede ver:  las ruinas de una misteriosa construcción ya demolida hace mucho tiempo. Se llega al lugar no con poco esfuerzo de parte de quien quiera acercarse a conocer esta curiosa edificación dinamitada (curiosamente) por el Ejército Argentino allá lejos y hace tiempo. Vaya uno a saber el por qué de tanto empeño en destruír aquel edificio al que no pocos lugareños solían llamar "bunker"...

Otra vista del "bunker" en Villa Tacul.


Ubicado en un alto promontorio, desde el lugar se divisa gran parte del lago y se puede ver la famosa Isla Victoria. ¿Un puesto de vigilancia? ¿Un refugio seguro? ¿Vigilar a quién? ¿Proteger a quién? La leyenda dice que muchos habitantes de las zonas aledañas asociaban directamente al "bunker" (al que en realidad podríamos llamar "refugio") con las oscuras y variadas actividades de los "alemanes" que supieron darle forma a Bariloche y sus alrededores desde los primeros años del Siglo XX y fundamentalmente los años '40. 
Si bien el edificio ha sido prácticamente destruído por el Ejército, eso no impide observar algo de sus muy gruesos muros de hormigón y las bases de unas imponentes columnas que sin duda habrían hecho de este misterioso lugar un sitio muy seguro, de hecho es muy complicado poder acceder al lugar y no se lo puede observar a simple vista y con facilidad dadas las caraterísticas del lugar y la espesura de la vegetación que lo circunda.

 Mampostería y gruesos muros de concreto caídos.
Entrada improvisada en el presente.
El "bunker" visto en Google Earth.


Pero si el "bunker" llama la atención por su emplazamiento y su ubicación casi "estratégica", no deja de llamar la atención (también) que el mismo nunca haya sido debidamente registrado en el Catastro Municipal de Bariloche. O sea: este edificio... nunca existió o simplemente alguien se encargó de que pase lo más desapercibido posible (cosa que se ha logrado de manera efectiva). No se conocen datos sobre su construcción, planos  de la obra, propietarios originales y quienes se han encargado de construírlo y sus motivos, pero lo concreto y nada fantasioso es que muy seguramente haya formado parte de la muy vasta red de diferentes refugios que los "alemanes" que coparon Bariloche y las cercanías se habían encargado de levantar como parte de sus trabajos de relevamiento de los terrenos con fines de espionaje en los días previos a la segunda guerra mundial y durante el conflicto bélico. No se descarta tampoco que el "bunker" haya sido el refugio en una zona casi inexpugnable para darle protección vaya uno a saber qué "personaje importante"...
Para corroborar eso están los refugios construídos por el Club Andino Bariloche en diferentes puntos neurálgicos de la zona y que aún hoy en día se siguen utilizando por los varios centros de esquí.
Mientras el tiempo pasa y las conclusiones concretas no llegan, la leyenda se agiganta y las historias sobre la presencia en el lugar de un personaje llegado a estas tierras desde la lejana Berlín no dejan de circular...

Interior del bunker.

Finalmente, un dato más: Ana María Dominic Takul, lideresa de la comunidad mapuche "Tacul Chewque" que hace un tiempo logró recuperar la tierra de sus ancestros que había sido tomada por visitantes alemanes, relató que el bunker fue construído en 1946 (coincidentemente con la llegada de Juan Domingo Perón a la presidencia de la Argentina) y que el ejército argentino lo dinamitó una vez tomado el poder por la "Revolución Libertadora" en 1955. ¿Coincidencias? ¿las vueltas de la vida?... se verá.

Otra vista del interior del bunker nazi en Villa Tacul.


martes, 10 de mayo de 2016

Aero Club de Planeadores "Cóndor": Banderas Nazis en la Patagonia de Argentina

Pioneros de la aviación sin motor en el sur de la Patagonia de Argentina y sus banderas nazis orgullosamente enarboladas al viento.



Un poco de historia.
El “Aero Club de Planeadores Cóndor” inició sus vuelos el 3 de diciembre de 1934 desde un campo perteneciente a la empresa petrolera Astra, a las afueras de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la provincia patagónica de Chubut, al sur de la Argentina.
Si bien se desconoce la fecha exacta de la inauguración oficial del club, sí se sabe que desde 1931 un grupo de vecinos de Comodoro Rivadavia, inspirados por las noticias que les llegaban desde la lejana Alemania sobre máquinas voladoras sin motor, se encargó de darle vida al "Club de Planeadores Rosales" (por el pueblo cercano de Manantial Rosales), nombre que poco después cambiaron por el de "Aero Club de Planeadores Cóndor" con el que seguiría siendo conocido incluso hasta nuestros días.
Algunos de los pioneros que formaron el club fueron Casimiro Szlapelis y el aviador Próspero Palazzo, un piloto de la Aeroposta Argentina; en tanto que el primer planeador que utilizaron fue un viejo Kassel 12A que prestó servicio durante varios años volando desde un terreno poco preparado para esas actividades en la zona conocida por los lugareños como el kilómetro 9.




Apenas iniciadas las actividades aeronáuticas se incorporó al club don Francisco Allesch, un austríaco nacido en Viena y empleado de la petrolera Astra (fuertemente inyectada de intereres alemanes en la zona), quien fue titular de la licencia de planeador n° 2 otorgada en la Argentina y gracias a quien los entusiastas aviadores pudieron disponer de un campo mucho más apropiado para los vuelos, un lugar que -justamente- era propiedad de la mencionada Astra.
Así fue que el club retomó sus actividades desde el campo del kilómetro 20, el 3 de diciembre de 1934, con un vuelo (a cargo de Allesch) que duró apenas unos pocos segundos pero que para todos fue un verdadero hito y resultó ser verdaderamente importante.

Fue así que don Francisco Allesch plantó la bandera de la pasión por los vuelos sin motor en la Patagonia, aunque la imaginaria enseña flameaba también -vale decirlo- junto a la de la Cruz Esvástica Nazi...


Marcelo García
Historias Lado B



 Referencia: http://www.planeadorescondor.com.ar/institucional/historia/


miércoles, 4 de mayo de 2016

La batalla por el Castillo de Itter y la histórica jornada en que Aliados y Alemanes pelearon en el mismo bando

¿Es posible que el ejército norteamericano y la Wehrmacht alemana hayan participado de una batalla de la Segunda Guerra Mundial como... aliados? La respuesta y la situación dada, seguramente, te llegará a sorprender y -por supuesto- a interesar. Enterate cómo fue uno de los más extraños y no tan difundidos episodios de la mayor contienda bélica que enfrentó la humanidad.

 El Castillo de Itter.


La batalla se libró el 5 de mayo de 1945, justo cinco días después de que Hitler (siempre de acuerdo a la historia oficial) se suicidase en su bunker berlinés, y dos días antes de que el Alto Mando Alemán se rindiera incondicionalmente en Reims, Francia (no obstante, algunos restos del Ejército Centro Alemán seguirían resistiendo hasta el 11 y el 12 mayo). En una apartada colina cerca de Itter, en Austria, se encontraba el castillo medieval bautizado con el mismo nombre. Y sería en la defensa de este castillo donde por primera (y probablemente única) vez en su historia el ejército de los Estados Unidos se encontró defendiendo un castillo medieval. Pero no sólo eso. No es esa precisamente la gran particularidad. Es que en esa oportunidad, el ejército norteamericano contó con la ayuda de prisioneros franceses, miembros de la resistencia austríaca y lo que es más extraño todavía, de soldados alemanes de la mismísima Wehrmacht.

Por el bando de los norteamericanos participaron el 23º Batallón Blindado de la 12ª División bajo el mando del teniente John C. Lee Jr. Los 14 prisioneros eran grandes personalidades, políticos, miembros de la resistencia, sindicalistas e incluso deportistas, encarcelados allí por los nazis tras la invasión de Francia de 1940. Allí estaban los antiguos primeros ministros Edouard Daladier y Paul Reynaud, la hermana mayor de Charles de Gaulle, y el jugador de tenis Jean Borotra, entre otros destacados. Lo curioso del caso es que a su ayuda acudieron soldados antinazis del ejército alemán (quienes posiblemente viendo lo que se avecinaba, decidieron cambiar de bando).
¿Pero contra quién luchaban entonces esos soldados? El "enemigo" era en este caso nada menos que la 17ª División de Granaderos Panzer de las Waffen-SS. El desarrollo de los acontecimientos parece -sin exagerar en lo más mínimo- sacado de una película de Hollywood.

Todo comenzó el 2 de mayo, cuando en el castillo se suicidaba el último comandante de Dachau, Eduard Weiter. Al día siguiente Zvonimir Cuckovic, uno de los prisioneros en el castillo, miembro de la resistencia comunista yugoslava, consiguió escapar llevando un mensaje del comandante de la prisión. Con él llevaba una misiva escrita en inglés que debía entregar al primer americano que lograra encontrar. Se dirigió a Innsbruck, que está a unos 64 kilómetros de allí y esa misma tarde llegó a las afueras de la ciudad donde se encuentró con la avanzadilla de la 103ª División de Infantería norteamericana, informando sobre la existencia del castillo y también de los prisioneros. El 4 de mayo y viendo que Cuckovic no regresaba, el comandante de la prisión Sebastian Wimmer decidió abandonar el castillo seguido de sus hombres de las SS pero los prisioneros lograron tomar el control como así también las armas dejadas por los nazis. El prisionero checo Andreas Krobot llegó hasta la localidad de Wörgl (abandonada por la Wehrmacht pero reocupada por las SS) y contactó finalmente con la resistencia austríaca. Así, logra ver al mayor Josef Gangl, comandante de lo que queda de una unidad de la Wehrmacht que, desobedeciendo las órdenes de retirada, se une -inesperadamente- a la resistencia.

El Capitán Lee y el Mayor Gangl.


Gangl y sus hombres defendieron a los austríacos de las posibles represalias de las fuerzas de las SS, y así se movilizaron calle por calle, puerta a puerta, además de conseguir llegar hasta la pequeña unidad de 4 tanques Sherman, del 23º Batallón Blindado comandado por el capitán Lee que se encontraba estacionado en Kufstein, unos 13 kilómetros al norte de allí, con una gran bandera blanca en busca de ayuda. Lee obtuvo el permiso del cuartel general para acudir en misión de rescate en ayuda de Gangl y lo hace con sólo 14 hombresa su disposición y un tanque que se suman a Gangl y sus diez soldados de artillería alemanes. Una auténtica aventura que podría llevarlos al desastre. A mitad de camino se enfrentaron a un grupo de las SS a las cuales terminaron derrotando. Una vez en el castillo cayeron en la cuenta de que los franceses han organizado la defensa liderados por un oficial de las Waffen-SS que se ha quedado para ayudarles. Lee colocó su tanque Besotten Jenny bloqueando la entrada principal, y a sus hombres en posiciones claramente defensivas, pero a pesar de que ordenó a los prisioneros franceses ocultarse, estos se sumaron valientemente a la defensa. En la mañana del 5 de mayo llegó el ataque de las Waffen-SS con una fuerza de entre 100 y 150 hombres (la defensa consistía en 25 soldados más los prisioneros franceses).

El general francés Maxime Weygand (a la derecha) y su esposa abandonando el castillo el 5 de mayo de 1945.



Al llegar la tarde las cosas no iban demasiado bien para los defensores, que habían visto como las SS destruían el tanque. Por fortuna para las 4 de la tarde llegaron los refuerzos del 142º Regimiento de Infantería, que consiguió reducir a los atancantes y hacer más de 100 prisioneros nazis. Gangl murió durante el combate a manos de un francotirador, fue nombrado héroe nacional en Austria e incluso le dedicaron una calle en Wörgl colocándole su nombre.
Esta batalla está considerada la más extraña de toda la Segunda Guerra Mundial, ya que es la única en que soldados aliados y alemanes lucharon juntos contra un enemigo común. Tal vez haya sido, incluso, la fuente de inspiración que luego daría lugar a la famosa película "La Fortaleza" dirigida en 1969 por Sydney Pollack.



Artículo original: http://www.labrujulaverde.com/2015/12/cuando-aliados-y-alemanes-lucharon-juntos-en-la-segunda-guerra-mundial-la-batalla-del-castillo-itter


lunes, 2 de mayo de 2016

El banco de Hitler en la Patagonia

Solitario, entre la tranquera y el poste de luz: el banco de Hitler. (Foto: Marcelo García / Historias Lado B)


Viajar hacia el sur argentino recorriendo la interminable Ruta 3 implica adentrarse en un paisaje de ensueños que -además de ser muy bello- llama la atención por su galopante monotonía y una creciente sensación de soledad. Quienes hacen el recorrido sienten que, de alguna manera, esos lejanos parajes no invitan a otra cosa que no sea mirar el extenso y bellísimo mar; pero sin embargo; el camino costero es en sí mismo el misterioso escenario en donde conviven perfectamente la leyenda y la curiosidad.
Una vez traspasado el límite entre las provincias patagónicas de Chubut y Santa Cruz, transitando unos 10 kilómetros en dirección a Caleta Olivia (la próxima "gran" ciudad que encontraremos en el camino) puede verse un terreno ondulado que antecede -y en parte oculta- la tranquera de la Estancia Fratzscher, un viejo establecimiento que en los años '40 perteneció a un pionero alemán llamado Magnus Fratzscher.

Hoy en día (para quienes nos paramos frente a la historia oficial con una mirada decididamente crítica) es relativamente sencillo establecer relaciones y trazar paralelismos entre las muchísimas viejas propiedades alemanas de la zona y los intereses que -una vez llegado Hitler al poder- pasaron a responder directamente a los designios del III Reich, sin embargo por aquellos años ni bien finalizada la Segunda Guerra Mundial, eso no era tan así.
De todos modos, a finales de 1945 y por más que esas ventosas y desoladas playas sureñas estuvieran ubicadas en el mismísimo "culo del mundo", no fueron pocos los que en más de una oportunidad creyeron ver a alguien muy famoso merodeando las costas como si se tratara de un simple vaqueano más. Lo curioso del caso es que la práctica mayoría de quienes aseguraban haberlo visto, coincidían en afirmar que ese hombre no era otro más que Adolf Hitler, el Führer alemán, quien solía sentarse en un banco de madera ubicado frente al mar.

De acuerdo a esos comentarios vestidos de leyenda, podría pensarse que los ojos celeste profundo del exiliado líder nzi se fundían cada amanecer con las azuladas extensiones inconmensurables del mismo Océano Atlántico que poco tiempo antes se había animado a cruzar, repitiendo con melancólico hastío, cada día, su silencioso y solitario ritual.
Actualmente, ese banco sigue estando allí, solitario a unos 100 metros de la costa junto a la tranquera que aún franquea o habilita el paso hacia la intrigante propiedad. Quienes niegan esta historia, defienden a capa y espada la versión que indica que quien sentaba allí era en realidad un tal Alejandro Schicorra, vecino de la zona que tenía un asombroso parecido a Hitler y que trabajaba en la importante planta de la firma Astra, curiosamente inyectada con fuerte capital alemán.
De todos modos, es más que probable (estoy entre los que piensan así) que Schicorra fuera parte del plan de quienes colaboraban con el escape del Führer para rebatir los comentarios de no pocos sorprendidos que podrían llegar a dar testimonio de avistajes de Hitler o incluso para dejar sin argumentos a quienes creían que, en efecto, Hitler no se había suicidado en Berlín. 

Pero pese a los sostenidos intentos por confundir o despistar, ese mismo banco de madera es llamado y conocido por todos los vecinos de la zona como "el banco de Hitler", un lugar de reposo y descanso que nadie, nunca jamás, se atrevió siquiera a tocar...

Marcelo D. García
Historias Lado B


Más fotos y ubicación del "banco de Hitler" en la provincia de Santa Cruz, Argentina).
Viajando hacia el sur por la Ruta 3 sobre el margen derecho de la misma, a unos 100 metros de la costa. Latitud: -46°19'52.07" y Longitud: -67°35'27.97".

El misterioso banco en medio de la nada.

La entrada a la Estancia Fratzscher en Santa Cruz en una toma más amplia y vista desde la ruta 3.
(Foto: Marcelo García / Historias Lado B)
Tomas aéreas de la zona a unos kilómetros hacia el norte de Caleta Olivia en Santa Cruz.
(Foto: Marcelo García / Historias Lado B)



Ver también:
El misterioso Alejandro Schicorra: un doble de Adolf Hitler en la Patagonia para despistar

La misteriosa visita de Adolf Hitler al "Edén Hotel"




domingo, 3 de abril de 2016

Heini, el lanchero nazi del Río Paraná


En 1941 comenzó a sesionar en el ámbito del Congreso Nacional, la "Comisión Investigadora Parlamentaria de Actividades Antiargentinas", integrada por un grupo de valientes legisladores (encabezados por el tan arteramente desacreditado Silvano Santander) que decidieron tomar el toro por las astas en una turbulenta Argentina que -desde mucho tiempo antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial- se aferraba a una  neutralidad que era en realidad la efectiva cubierta de una postura decididamente favorable a las políticas e intereses de la Alemania nazi del III Reich en el país.
Muchos fueron los descubrimientos de la mencionada comisión parlamentaria, muchísimas las personas implicadas en actos de traición a la Patria y en acciones de espionaje a favor de las potencias del Eje y tantísimas más las ollas destapadas.
De hecho, gracias a las maratónicas sesiones y los completísimos informes que de su seno salían, fue que pudo saberse sobre insospechados personajes de peso que buscaban hacer de la Argentina de entonces la nueva colonia alemana de ultramar, en tanto que también se encargaban de sacar los trapitos al sol de otros protagonistas de menor jerarquía que -de todos modos- nunca dejaron de ser observados.
Los documentos que hablan sobre los verdaderos peces gordos de la organización nazi que contaba con valiosos cómplices y colaboradores del ámbito local quedarán para otra oportunidad, pero en este caso veremos a un curioso personaje que algunos podían ver navegando como si nada por las tranquilas aguas del Río Paraná.

La imagen pertenece a uno de los tantos informes de la mencionada "Comisión Investigadora Parlamentaria de Actividades Antiargentinas" y muestra a un alemán identificado simplemente con el apellido de Heini que se ganaba la vida (al menos oficialmente) como lanchero, un tipo campechano con cara de bonachón.
Lo curioso es que mientras algunos de sus colegas argentinos lucían orgullosos banderines de alguno de los teams del fútbol local, Heini -en cambio- colgaba en la ventana de su pequeña embarcación de madera a motor uno con la Cruz Esvástica Nazi.
Heini (vaya uno a saber con qué gardo de responsabilidades) era otro de los tantos personajes que muy posiblemente fueran operadores y agentes encubiertos integrantes de la Quinta Columna alemana en el exterior.


Marcelo D. García
Historias Lado B 



Fuente de consulta:

jueves, 24 de marzo de 2016

Documento estadounidense revela complicidad de líderes sindicales argentinos con la Dictadura



A 40 años del sangriento golpe militar en la Argentina llevado a cabo el 24 de marzo de 1976, las heridas aún siguen abiertas y en ésto -también- tiene mucho que ver la memoria selectiva y una verdad tergiversada con tufo a saña y doble intencionalidad.
De un lado la criminalidad de quienes se pasaron la Constitución Nacional por el culo haciendo uso y abuso del aparato estatal como herramienta de desmedida represión ilegal; del otro bando los que infundían terror a diestra y siniestra con fines sediciosos (que lo expliquen de otra manera, si no) desde incluso antes de la llegada del gobierno militar y en el medio de todo (siempre al margen del pobre ciudadano común) los cómplices silenciosos que se atrevieron  a ponerse descaradamente la ropa de abnegados resistentes.
Tal el caso de muchos dirigentes sindicales argentinos que hoy se llenan la boca hablando de una valentía que jamás supieron demostrar.

Y para muestra vale un botón, ya que la historia (hay que decirlo) ha sido al menos en este caso muy diferente de como nos la han contado en realidad.
A continuación, el detalle de un documento desclasificado (que expongo completo al final de este post) de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, fechado el 29 de marzo de 1976, en donde se informa al Departamento de Estado en Washington sobre la colaboración de los líderes sindicales con la nueva dictadura militar.
De las siete páginas de este dossier (uno de los más reveladores del embajador Robert Hill poniendo a sus superiores al tanto de la nueva situación) se recortan dos líneas que desnudan una "resistencia" que -finalmente- nunca jamás fue tal.
"Many labor leadres have made their peace with the military and are willing to cooperate" (Muchos líderes sindicales hicieron las paces con los militares y están dispuestos a colaborar).
Ni militares ni norteamericanos podían haberlo hecho solos: complicidad.
Más clarito, agréguele agua.
Memoria y nunca más.



La historia del documento: noche y niebla en la Argentina.
Cuarenta y ocho horas después del golpe militar –y tras el informe preliminar enviado desde la embajada en Buenos Aires- se llevó a cabo en Washington una reunión clave en la que William Rogers –Secretario Asistente para Asuntos Hemisféricos- informó personalmente al Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger y a otros altos funcionarios sobre la situación en la Argentina, oportunidad en la que fue muy preciso al comentar que la Junta Militar haría todos los esfuerzos necesarios para implicar directamente a los Estados Unidos en el proceso recién iniciado pero buscando que la ayuda y el apoyo se dieran, fundamentalmente, en el plano financiero. 
En la reunión Rogers trató de pisar el freno –o al menos poner paños fríos- al creciente interés de Kissinger por dar tal colaboración, advirtiéndole que si bien era partidario del apoyo que los Estados Unidos deberían dar al golpe, al mismo tiempo habría que cuidar las formas y preservar la imagen sobre todo ante la desconfiada mirada internacional ya que –según expresaba- "es esperable una fuerte represión”, agregando que “probablemente corra mucha sangre en la Argentina pronto. Creo que van a tener que entrarle fuerte no sólo a los terroristas sino también a los disidentes de los sindicatos y sus partidos. Pienso pues que el asunto es que no debemos -en este momento- apurarnos a dar una acogida a este régimen, que de aquí a seis meses será considerablemente menos popular con la prensa”

Kissinger, lejos de plegarse a la postura apaciguadora de Rogers sostuvo que la cuestión argentina era inhertente a los más importantes intereses de los norteamericanos, insistiendo en que “si van a tener (la Junta) alguna oportunidad, van a necesitar ser alentados de nuestra parte (…) porque yo quiero alentarles. No quiero hacerles sentir que están siendo hostigados por los Estados Unidos”, no obstante lo cual, tanto Kissinger como Rogers acordaron dar un encubierto y discreto –pero firme- apoyo de parte de los Estados Unidos, al mismo tiempo que enviaban expresas directivas al embajador Hill para que –pese a un momentáneo y prudente silencio oficial norteamericano- expresara claramente a los golpistas la decisión adoptada manteniéndose en esa postura expectante hasta que los jefes de la Junta terminaran de designar a todos y cada uno de los ministros del nuevo gabinete de facto, pero aguardando con particular expectativa el nombramiento del Ministro de Relaciones Exteriores; un puesto que para las futuras relaciones bilaterales y las negociaciones prontas a entablarse era absolutamente clave, vital y fundamental. 
A propósito de esta designación, en el documento que reproduce los detalles del encuentro entre Kissinger, funcionarios del Departamento de Estado y Rogers; éste último hace referencia a un “fellow” (amigo) al que identifica como Litella (textual del documento) con quien dijo haber trabajado con anterioridad de un modo muy productivo; nombre que luego fue tachado y reemplazado por el de un tal Vanele en el mismo paper. Pero ni uno ni otro fueron finalmente designados para el puesto de Canciller, siendo el elegido –a partir del 30 de marzo- el Contralmirante César Guzzetti, quien rápidamente sabría entablar buenas y cercanas relaciones con Kissinger. 

Sin embargo, pese a la demora en esa designación, el gobierno norteamericano movió la primera ficha y –el 27 de marzo de 1976- el FMI (Fondo Monetario Internacional) hacía sentir la “ayuda de su mano protectora” aprobando en tiempo récord un crédito de 127 millones de dólares destinados al primer financiamiento de la Junta Militar. Tras el encubierto entusiasmo traducido en el apresurado desembolso de semejante millonada, apenas dos días después el embajador Hill se encargaría de allanar aún más el camino de los golpistas informando a las autoridades del Departamento de Estado norteamericano a través de un telegrama extremadamente optimista (también remitido a las representaciones diplomáticas estadounidenses en Asunción, Brasilia, Caracas, La Paz, Lima, Ciudad de México, Montevideo y Santiago) que, a pesar de ser demasiado temprano para hacer certeras predicciones sobre la suerte futura del nuevo gobierno militar, al menos se estaba en perfectas condiciones de asegurar que Videla se encontraba en una inmejorable posición que le permitía mantener a raya a los partidarios de la “línea dura” asegurando al mismo tiempo que “(...) el golpe puede ser ahora definitivamente considerado como moderado (...) no han atacado al peronismo ni a ningún otro partido. Han arrestado a algunos altos funcionarios como Raúl Lastiri, Julio González y Carlos Menem a los que se cree culpables de malversación y abuso de poder (...) pero es claro que no han hecho arrestos masivos. Nadie ha sido puesto contra un paredón (....) La mayoría de los diputados, gobernadores y funcionarios depuestos han sido simplemente enviados a sus casas (...) La actividad política ha sido suspendida temporalmente y los partidos tienen que quitar sus carteles de los locales. Sus organizaciones están intactas y varias de las fuentes de la embajada en los partidos han expresado su esperanza de que se permita volver a cierta actividad política en no más de seis meses (...) Antes del golpe se temía que los militares duros se excedieran en sus órdenes y arbitrariamente asesinaran o arrestaran a sindicalistas, peronistas o izquierdistas que les disgustaran, pero no ha sucedido (...) Muchos líderes sindicales han hecho las paces con los militares y desean colaborar" . 

Hill, entre tanto, concluía diciendo que "este es probablemente el mejor ejecutado y el más civilizado de los golpes en la historia de Argentina. Ha sido único en otros aspectos también. Los Estados Unidos no han sido acusados de estar detrás del mismo, excepto por Nuestra Palabra, el órgano del PCA (Partido Comunista Argentina) (...) Los Estados Unidos, por supuesto, no deben ser identificados muy estrechamente con la Junta pero -en tanto que el nuevo gobierno pueda mantener la línea moderada- el gobierno de Estados Unidos debe alentarlo examinando con ojos positivos cualquier petición de asistencia."

En el telegrama a sus superiores Hill también dejó en claro que los propósitos fundamentales expresados por Videla eran claramente dos. En primer lugar, lograr el completo control de los “Halcones” del ejército partidarios de poner en práctica medidas represivas violentas y extremas y, en segundo término (aunque Hill sostenía que era prioridad de Videla), exterminar a la guerrilla armada definitivamente. Según los informes de situación con los que contaban los norteamericanos, Videla se las arreglaba perfectamente para contener a los simpatizantes de la “mano dura” cosa que le permitía concentrar todo su esfuerzo en redadas y operativos que habían derivado –en muy pocas jornadas después de iniciada la aventura golpista- en la captura y detención de varios jefes guerrilleros. Pese a esas primeras acciones del gobierno, sostenía Hill que la insurgencia armada proseguiría con su plan de “pegar y escapar” tal como quedaba evidenciado con el atentado perpetrado contra un comisario de la policía federal durante esa misma jornada, tras lo cual se sospechaba que los grupos guerrilleros pasarían a una etapa marcada por una tensa espera con la esperanza de que la opinión pública nacional (y posiblemente la del exterior) se volvieran favorables a su causa si era que finalmente los militares se decantaban por implementar un sistema de fuerte y violenta represión contra ellos.

La recomendación de Hill a Washington era que –llegado a esa instancia- el gobierno norteamericano sabría positivamente que había llegado “la hora de actuar”, con lo cual estaba diciendo que la administración de Gerald Ford debería salir en inocultable defensa del gobierno militar. De todos modos, los crecientes problemas con la guerrilla armada no eran los únicos a los que se enfrentaba la Junta, algo de lo que estaban debidamente advertidos y al tanto los norteamericanos. Así, Hill mencionó en su telegrama del 29 de marzo que los contactos de la embajada con el designado ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, habían sido informados de la grave situación económica con la que se había encontrado la Junta militar. Los norteamericanos, entre tanto, aún aguardaban la presentación de un plan que los convenciera y fuese favorable a sus propios intereses, cosa que fue prometida por el propio Martínez de Hoz. 
Al respecto, también decía Hill que “lo alentador (para los Estados Unidos) además de la conducta del gobierno en sí mismo, ha sido la reacción popular. La mayoría de los argentinos se han alegrado de liberarse del patéticamente incompetente gobierno de la señora de Perón, pero no han salido a las calles ni a aplaudir a los militares ni a abuchear a los Peronistas. Ellos aprueban lo hecho por las Fuerzas Armadas pero, sin embargo, mantienen sus saludables reservas del caso. Se han visto muchos otros gobiernos militares que han comenzado auspiciosamente y luego se han quedado en el camino. Los argentinos esperan que las cosas sean distintas esta vez y dan su apoyo. Pero nadie espera milagros y éste es uno de los más maduros fenómenos que genera este gobierno”

La particular exaltación de “madurez política” de los argentinos (civiles y militares) expresada por Hill, no dejaba de poner la mirada –sin embargo- en lo que sucedía con los trabajadores y los gremios, indicando que, como extraño fenómeno, para el día 25 de marzo (un día después de concretado el golpe) el ausentismo laboral era prácticamente inexistente dado que los dirigentes sindicales (años después embanderados con la supuesta lucha militante contra la Dictadura) “hicieron las paces con los militares y están dispuestos a colaborar” (textual del documento de Hill). 
Por supuesto que también haría referencia a algunas pocas detenciones de gremialistas advirtiendo además que si bien la CGT había sido intervenida, la práctica mayoría de los gremios funcionaba con relativa normalidad pese a lo cual muy posiblemente pronto se darían protestas una vez que el equipo económico presentara su plan de ajuste y austeridad acordado en consonancia con norteamericanos. Sin embargo, no sería necesario presionar demasiado al presidente Gerald Ford para que diera una nueva muestra de velado apoyo estadounidense a la Dictadura argentina: a principios de Abril, el Congreso de los Estados Unidos –dada la presión ejercida por el primer mandatario y su Secretario de Estado, Henry Kissinger- aprobaba una partida de 50 millones de dólares destinada a asistencia militar para los militares que copaban el poder de facto y se aprestaban a desatar una guerra sin precedentes contra la guerrilla armada de izquierda en la Argentina. 

La ayuda también encontraba sus motivaciones en las promesas mediante las cuales el presidente de facto argentino se comprometía a resolver los numerosos inconvenientes a los que se veían enfrentadas varias firmas norteamericanas como Exxon, Chase Manhattan Bank y Standard Electric entre otras, además de involucrarse personalmente en llevar adelante las gestiones que permitieran crear las mejores condiciones para nuevas inversiones de capitales estadounidenses en el país. Pero había más todavía, ya que Hill insistía en la imperiosa necesidad de procurar el apoyo que llevara al éxito de la gestión de Videla dado que, en caso contrario, la izquierda encontraría los huecos por donde colarse para infectar nuevamente a la sociedad argentina, algo claramente contrario a los intereses norteamericanos, para culminar su paper -sin pelos en la lengua y sin medias tintas- sugiriéndole a Kissinger que “debemos –a medida que se afianza la línea moderada del gobierno de Videla- mirar con simpatía cualquier pedido de asistencia directa que nos haga”

El resto es historia tristemente conocida.
Marcelo D. García
Historias Lado B



A continuación podés ver el documento desclasificado completo firmado por el embajador norteamericano Robert Hill bajo el título de "Videla's moderate line prevails" (Prevalece la línea moderada de Videla).
(Hacé click en las imágenes para verlas en tamaño grande)







A 40 años del último golpe militar en la Argentina: Nunca más

Que cada uno, al que le toque, se haga responsable. Aprendamos la lección y recordemos para siempre el 24 de marzo de 1976 para que una tragedia semejante no se repita nunca más en la Argentina.






jueves, 3 de marzo de 2016

Adhesiones argentinas a Hitler desde la "Deutsch Österreichische Vereinigung in Sudamerika"

Acto en el Luna Park de Buenos Aires celebrando el Anchluss en 1938.

Podían estar a la vuelta misma de la esquina, ser esos buenos vecinos a los que cualquiera saludaba en el barrio sin advertir en ellos nada en especial. Podían ser compañeros de trabajo, conocidos de conocidos, amigos, personas que incluso uno desearía llegar a conocer, gente común y corriente a los que se le podía estrechar la mano y compartir una charla -cafecito mediante- acomodados en la mesa de un bar. 
Podían ser maestros, doctores, carniceros, pintores o lo que uno pudiera llegar a imaginar. Podían ser madrazas y mujeres abnegadas encargándose del hogar familiar. Podían ser caballeros que gastaban la suela de sus zapatos sobre las mismas aceras de Buenos Aires y se quitaban el sombrero respetando el paso de las bellas damas del lugar. Sin embargo entre ellos compartían una manera de vivir, un pensamiento particular y -en cierta medida- un modo de ver las cosas que no siempre pusieron a la vista de los demás.

Podían ser los mismos que pasaron obediente y orgullosamente por la "Deutsch Österreichische Vereinigung in Sudamerika"  (Unión Austro-Alemana en Sudamérica) con sede en Buenos Aires para dejar estampada su firma apoyando el "Anchluss"  (la invasión de la Alemania nazi de Hitler a Austria) que tuvo lugar el 12 de mayo de 1938. Bajo el lema de "un pueblo, un Reich, un líder", no dudaron ni un instante en enviarle su apoyo incondicional al Führer, para que supiera que en estos confines del mundo tenía mucho más apoyo del que muchos pudieran siquiera llegar a sospechar.
Basta con ver la dirección de sus domicilios para comprender que, efectivamente, eran como cualquier otro hijo de vecino porteño más...

El 10 de abril de 1938, el multitudinario acto celebrado en el estadio "Luna Park" de Buenos Aires, le demostraría a propios y a extraños que los nazis también eran capaces de reunirse de manera masiva fuera de sus expandidas fronteras (de hecho fue la mayor reunón Nacionalsocialista  fuera de Alemania en toda la historia), con 15.000 brazos derechos en alto para darle el sí al mismísimo Adolf Hitler desde la lejana capital de la siempre amigable Argentina.

Marcelo D. García
Historias Lado B



Libro de la Unión Austro-Alemana en Sudamérica con adhesiones 
de argentinos de orígen austríacos apoyando la invasión nazi a Austria. Mayo de 1938.
(Hacer click sobre la imagen para agrandarla)