jueves, 22 de junio de 2017

Heinrich Bethe: de marinero en el Panzerschiff "Graf Spee" a custodio de Adolf Hitler en Argentina


En mayo de 1940 escapó misteriosamente del Arsenal Naval de Buenos Aires. Era tripulante del Panzerschiff Admiral "Graf Spee". Llegó a la Patagonia argentina y, con los años, se estableció en Caleta Olivia. Esta es la historia de quien ha sido uno de los últimos custodios del mismísimo Adolf Hitler en la Argentina. 


Heinrich Bethe (Enrique Berthe o Juan Paulovsky. Planillas prontuariales. (En archivo personal del autor)


Cuando el Panzerschiff Admiral "Graf Spee" yacía inerte en el fondo más profundo del Río de la Plata y los restos mortales del legendario Capitán "Zur See" Hans Langsdorff descansaban por toda la eternidad bajo tierra en el Cementerio Alemán de Buenos Aires, en diciembre de 1939 comenzó la variopinta diáspora de los tripulantes del magnífico acorazado de bolsillo alemán.

Muchos de esos marinos procuraron regresar al servicio activo por la causa de la Alemania nazi y fueron asistidos por una extendida y oculta red que contó con la ayuda dispensada por agentes de la Abwehr, funcionarios diplomáticos de la embajada germana en la capital argentina, espías del SD (Sicherheitsdienst ó Servicio de Seguridad dependiente de las SS), la Gestapo y -por supuesto- secretos colaboradores civiles y militares del ámbito local; algo que posteriormente involucró la necesaria participación de prominentes figuras del Gobierno Nacional.

Muchos otros, en cambio, decidieron quedarse en Buenos Aires, mientras que varios de sus camaradas optaron por comenzar una nueva vida en diferentes localidades del interior del país.
Entre tantos, se destacó el caso de Heinrich Bethe, un técnico electro mecánico del "Graf Spee", asentado por agentes argentinos en la ficha prontuarial como Enrique Berthe (tradujeron su nombre pero inscribieron mal el apellido), con foja Nº 65-570.
Con el paso de los años, este marinero llegó a la Patagonia. Estuvo en varios lugares, entre ellos Bariloche, puerto Santa Cruz y -finalmente- Caleta Olivia, sobre las desoladas y gélidas costas de la provincia argentina de Santa Cruz, bañadas por el océano Atlántico Sur; algo que no sólo le daría la protección y seguridad que tanto buscaba, sino también la invalorable cercanía de influyentes contactos estrechamente relacionados a fuertes intereses alemanes largamente establecidos en zonas cercanas como Comodoro Rivadavia -entre otras localidades- en donde firmas como la poderosa Lahusen y Astra, eran poco menos que dueñas de facto del lugar.

No hay datos precisos que acrediten el momento exacto en que se produjo la "transformación", pero -como fuera- Heinrich Bethe (o Enrique Berthe) luego sería conocido por los vecinos como Juan Paulovsky, el "alemán mecánico" de Caleta Olivia.
Su vida transcurrió con cierta calma y relativa normalidad hasta que, dada la previsible derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial, alguien le encomendó su más difícil y preciada misión. Una tarea que podría poner su vida en peligro y lo convertía en insospechado protagonista de una historia que involucró dosis iguales de intriga, conspiración y alto riesgo: en adelante, sería, uno de los celosos custodios del mismísimo Adolf Hitler, cuando el Führer llegara a la Argentina.

En torno a Bethe/Berthe/ Paulovsky, hay algo que no deja de ser sugestivo y verdaderamente curioso.
Todo comenzó hace ya varios años y -de acuerdo a datos conseguidos por Historias Lado B de parte de Jorge Pedro Bordón-, "lo que llamó la atención era el alto valor pagado por dos viejos Volkswagen con doble tracción, de engranaje manual, únicos en el mundo; por lo que se deduce que tenían una caja extra que acoplaba con la transmisión para dar tracción en las cuatro ruedas, posiblemente dando vuelta el motor de un "Schwimmwagen" -el escarabajo anfibio usado por las fuerzas del III Reich en Europa- lo cual permitiría que el engranaje de la hélice se posicionara hacia adelante y llevara la fuerza a las otras ruedas.

Hitler y Himmler observando un SchwimmWagen.


Allí, en Caleta Olivia, nadie lograba explicarse la extraña presencia de esos dos rarísimos Volkswagen que, durante muchos años el "alemám mecánico" conservó arrumbados en un viejo gallinero y que -de buenas a primeras- un día, decidió vender.

Es posible que esos dos viejos Volkswagen de doble tracción, hayan sido llevados por Bethe/Berthe/ Paulovsky hasta Caleta Olivia para hacerlos desaparecer del lugar en donde habían funcionado y cumplido con su cometido: la Estancia "La Clara", ubicada en cercanías de la residencia "Inalco" (en Villa La Angostura), en donde se habría de refugiar momentáneamente Hitler apenas llegado a la Patagonia de Argentina.
En este punto, otra curiosidad: el nombre de la estancia era el mismo que el de la madre del Führer.
Caben, entonces, varias preguntas sobre esos vehículos alemanes aparecidos en el sur argentino: ¿quién los trajo? ¿dónde se re armaron?¿por qué estaban en manos de un personaje ignoto?

Tal vez el ex marinero electro mecánico del "Graf Spee" hubiese podido responder estos interrogantes. Sin embargo, tras ocultar los Volkswagen con los que habría trasladado por la Patagonia a Hitler, Bethe/Berthe/ Paulovsky falleció en 1977 y se llevó su más valioso secreto a la tumba.

Entrada al cementerio de Caleta Olivia, donde reposan los restos de Heinrich Bethe.


Los restos del marinero del acorazado alemán, devenido en custodio en la Argentina del Führer nazi, descansan en el Cementerio de Caleta Olivia.


Una mención especial y agradecimiento a Jorge Pedro Bordón.


2 comentarios:

  1. Hubo otro grupo de marineros del "acorazado de bolsillo", que fueron a Mendoza, donde formaron familias,algunos volvieron (luego de la guerra ) a Alemania abandonando a esposas he hijos, otros se radicaron en la provincia, quizá uno de los mas respetados fue el que se destacó como profesor de educación física, tanto en la Universidad Nacional de Cuyo como así también en el Club Mendoza de Regatas.....se lo veía,incluso siendo muy mayor manejando su moto BMW.

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    1. Mención especial para Ud., amigo y lector Jorge Pedro Bordón. Gracias por el aporte.

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