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miércoles, 9 de agosto de 2017

Marcelo García: "Evita fue agente al servicio de los nazis de posguerra traicionados por Perón"


Marcelo García, autor de "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" (Sudamericana - 2017) 
(Foto del autor: Copyright, María Sol García)


La historia argentina, está mal contada. Fueron décadas de recortes parciales hábilmente dirigidos (tal vez) de manera intencional, con los que se pretendió relatar una película mostrando tan sólo algunos inconexos fotogramas; un modo que -a la luz de los hechos- no ha sido definitivamente el mejor para comprender cabalmente qué cosas nos sucedieron en realidad.
Durante años se pobló el gigantesco panteón de los argentinos ilustres, elevados en inconducente e insana postura, a lo más alto del altar de los próceres, a quienes se transformó en impolutas celebridades de mármol y bronce, a los que nadie debería -siquiera- atreverse a tocar.
Sin embargo, esos personajes -lejos de ser etéreas figuras rayanas con la inalcanzable perfección- fueron de carne y hueso, con virtudes y defectos, grandezas y flaquezas que -pese a todo- en nada disminuyó o invalidó todo lo bueno que también pueda llegar a decirse de ellos.

En 2012 decidí hurgar en los inconmensurables misterios que encierra la cercana -y ciertamente laberíntica- relación del peronismo con los nazis, un tema que, pese a la impresionante proliferación de pruebas, muchos aún pretenden ocultar.
El libro "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" (Sudamericana - 2017), es fruto de un minucioso trabajo de investigación, consulta y lectura de miles de páginas de documentos desclasificados y otras impensadas fuentes de confiable información que llevó a una inédita conclusión: Juan Domingo Perón y su esposa, Eva Duarte, mantuvieron un urticante conflicto de intereses, motivado principalmente por el manejo de los millonarios bienes de los nazis, llevados hacia Buenos Aires (desde antes y durante la Segunda Guerra Mundial), con el preciado objetivo de levantar un IV Reich desde el exterior y que -luego- fueron oscuro objeto de deseo a modo de expolio de parte del mismísimo Presidente de la Nación.

¿Cómo ingresó Evita al mundillo de relaciones y actividades filonazis? Todo será revelado a lo largo de las 336 páginas que se leen como una atrapante novela de misterio, pero encierran las más sorprendentes revelaciones sobre uno de los costados más oscuros de la vida de la "Abanderada de los humildes" y su relación con "·el primer trabajador".

La activa participación de Evita, primero como colaboradora y luego como jefa de uno de los grupos de agentes nazis femeninas reunidas por Gerda von Arenstorff, influyente funcionaria de la embajada alemana en Buenos Aires, no sólo quedó sobradamente documentada (como se cuenta en el libro), sino que le valió captar la atención y estima de los principales jefes de la inteligencia y la clandestinidad nazi en el país, cuyo cabecilla fue el Capitán Dietrich Niebuhr, agregado naval de la representación diplomática germana, pero antes que nada, encubierto jefe de la Ettapendienst, además de ganarse el aprecio y reconocimiento de otros importantes personajes de la estructura nazi, tal el caso del financista Ludwig Freude (custodio de los inetereses de Adolf Hitler en Argentina y otras partes de Sudamérica y, posteriormente, asesor de Perón), como así también quienes desde Europa no dejaron de destacar su esmerado accionar, entre ellos Wilhelm von Faupel (jefe del Instituto Iberoamericano de Berlín) y el notable Wilhelm Canaris (largamente relacionado con la Argentina y jefe de la Abwehr).

Sin embargo, eso no es todo. Tras más de cuatro años de investigación y escritura, "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" plantea por primera vez, de un modo sorprendente y original, el insospechado choque de intereses entre las dos máximas figuras del peronismo y demuestra cómo Eva Perón se convirtió en una de las más eficaces agentes del nazismo cuando viajó a Europa en 1947 para cumplir una doble y secreta misión: ser funcional a su marido acordando una impresionante oleada de nazis hacia la Argentina (a cambio de ingentes sumas millonarias que iban a las cuentas del matrimonio presidencial) y -al mismo tiempo- orquestar una jugada maestra para llevar de regreso al Viejo Continente (con destino final en Suiza, donde hizo arreglos con banqueros que manejaban y protegían las fortunas de los nacionalsocialistas), parte del tesoro nazi a punto de ser expoliado por su esposo, el mismísimo Presidente de la Nación.

La insospechada conclusión a la que se llega, gracias a contundente documentación, es que Evita fue agente al servicio de los nazis de posguerra traicionados por Perón.


Marcelo García

Sinopsis:

Con la debacle nazi consumada, el tablero de la política internacional comienza a reacomodarse. Mientras Adolf Hitler, en el exilio, pierde fuerza e influencia, Juan Domingo Perón -alentado por las circunstancias- se propone erigir a la Argentina como una nación rectora de Sudamérica, tomando la posta de la derrotada Alemania e intentando replicar su ímpetu expansionista en la región.

¿Cómo pretende Perón financiar sus planes de dominación? Mediante el expolio de las millonarias fortunas que fueron secuestradas por el nacionalsocialismo alemán y pacientemente trasladadas hasta Buenos Aires. Su mayor obstáculo será nadie menos que su propia esposa, Eva Duarte, quien pondrá en acción sus poderosas conexiones para salvaguardar esos tesoros.

La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler nace del trabajo de investigación y consulta de cientos de documentos desclasificados -entre ellos, los de las pesquisas que mandó a hacer John Edgar Hoover cuando se encontraba al frente del FBI-, sobre los cuales el historiador Marcelo García construye una irresistible tesis destinada a entrelazar la inesperada y atrapante trama internacional de acuerdos y traiciones entre la Alemania nazi y la Argentina de Perón.

El resultado de este enorme trabajo es un libro que revisa uno de los misterios más magnéticos del peronismo desde una perspectiva nueva: la de los conflictos de intereses entre sus dos más grandes figuras.


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domingo, 2 de junio de 2013

La inesperada y oportuna ayuda de Eva Perón a los pobres "cabecitas negras" de Washington

Eva Perón.


Para los Estados Unidos aquella jornada del año 1949 debía ser de júbilo y fiesta nacional. Harry Truman asumía la presidencia del país y se encaminaba reforzar los actos de gobierno con los que había dejado su lamentable huella en el período anterior. Truman, aquel granjero norteamericano que de la noche a la mañana había sucedido al fallecido Franklin D. Roosevelt había querido pisar fuerte y sin dudarlo lanzó las criminales bombas sobre Hiroshima y Nagasaki poniendo fin (?) a la Segunda Guerra Mundial. Tras aquellos actos de puro terrorismo, Truman creyó que se llevaría el mundo por delante (en parte ya lo había hecho...) pero se topó con un hecho que estaba destinado a enfurecerlo como pocas veces alguien lo había logrado.
Mientras las más importantes delegaciones mundiales llegaban a Washington para participar de la asunción de Truman como nuevo presidente de Estados Unidos, llegaba también a la embajada argentina en la capital norteamericana un comunicado que tuvo (en sentido figurado) efectos similares al de aquellas bombas sobre Japón.

Truman recibía una bofetada en su propia casa. La carta recibida en la embajada argentina aquel 21 de enero de 1949 provenía de la Fundación Eva Perón, en Buenos Aires, y anunciaba que al día siguiente de la asunción presidencial de Truman se haría efectiva la entrega de ropa de abrigo y calzado proveniente del gobierno argentino y cuyos destinatarios eran los pobres que habitaban los suburbios de la ciudad capital norteamericana. Eva Perón no hacía nada por casualidad y todos sus actos buscaban lograr un cometido. No era espontánea y sabía pegar siempre donde más dolía. En eso también era una experta.
La fundación que comandaba la mujer más importante de la Argentina de entonces había diagramado un sistema de ayuda junto a la Children's Aid Society para unos 600 indigentes de Washington, lo cual incluía prendas de abrigo y calzado fabricados en la Argentina. El encargado de recibir el envío argentino en Washington era el reverendo Ralph Faywatters, quien estaba al tanto de las verdaderas intenciones de Evita. Faywatters se encargó no sólo de ser el "cartero" que anunció la "buena nueva" de la llegada de la ayuda argentina a Washington, sino que además se encargó de organizar a otras tantas instituciones de ayuda social en Estados Unidos, con lo cual puso en alerta a muchas personas que efectivamente necesitaban ayuda de alguien, aunque fuera de Evita y Perón.
El mensaje de Evita era claro: en los Estados Unidos también había pobreza y qué mejor manera de dejarla al descubierto (y de paso dar una bofetada al gobierno norteamericano) que enviando una ayuda inesperada.
Los destinatarios de aquella ayuda "desinteresada" de Eva Perón y del gobierno que encabezaba su esposo, Juan Domingo Perón, eran 600 niños pobres, negros, que se encontraban en los barrios más marginales de Washington. El gobierno norteamericano pidió explicaciones de inmediato tras lo cual los diferentes medios se hicieron eco del "escandalo" internacional y el golpe de knock-out recibido por Truman. La agencia AFP se encargó de aclararlo todo con un poco creíble: "No hubo intención de demostrar que en un país rico cual es Estados Unidos, hay niños pobres"...
La revista Newsweek llevó el caso a su portada con el sugestivo titular de "Señora pockets" (Señora bolsillos) y Times ocupó su primera plana con un contundente "Helping hand" (Mano que ayuda). No fueron los únicos medios que dieron espacio al dolor de cabeza de Truman...

Cobertura en los medios norteamericanos.


A Truman le costó digerir ese trago amargo y removió cielo y tierra para evitar que la ayuda se concrete de manera efectiva dejando al descubierto la pobreza en la mismísima ciudad de Washington.
La embajada argentina esbozó una inconsistente explicación alegando que en realidad lo de la superposición de fechas (la asunción de Truman y la llegada de la ayuda argentina) era mera coincidencia. Nadie lo creyó, ni Evita, por supuesto.
Aquel gesto de típica filantropía peronista destinada más a desarmar a "la contra" antes que a ayudar concretamente a los más necesitados logró todo lo esperado y deseado por Eva Perón. Impacto en los destinatarios y un sabor a victoria enviciada de revancha y venganza tan habituales en la abanderada de los humildes.
Años más tarde fueron encontrados rebiosos manuscritos de puño y letra de Eva Perón y en uno de ellos se leía claramente "la pasada de facturas" propinada por Evita, en ese caso al gobierno norteamericano, que con tan malos ojos veía al dictatorial gobierno peronista elegido por el voto popular. Decía Evita sobre aquella ayuda "desinteresada" y sin "doble intención":
"Sirva de ejemplo este acto y esta ayuda que lo hacemos con todo respeto y todo carinño por el gran pueblo de los Estados Unidos y humildemente le hacemos llegar nuestro granito de arena de ayuda. Este avión argentino que llegará a Estados Unidos representa a la bondad de nuestro conductor y lo que somos capaces de hacer por el desposeído, esté donde esté y se encuentre donde se encuentre".

Tras la prosa y la verborrágica dialéctica de Eva Perón, Harry Truman supo leer toda la rabia, el odio y el fanatismo de una mujer que solía hacer gala de esos dudosos atributos más a menudo de lo imaginado. Las enormes diferencias insanjables entre el gobierno de Estados Unidos y el demagogo y poco afecto a la pluralidad gobierno de Juan Domingo Perón quedaron marcadas de manera inocultable tras este episodio enviado desde "el más allá" por la Santa Evita, endiosada como nunca por su altanería y sus reacciones intempestivas, agrandada por un poder absoluto que ella y su marido habían forjado a fuerza de palo y chicana para con quienes no pensaban como ellos. La pedantería en su máxima expresión. Aquella ayuda de Evita a los "cabecitas negras" norteamericanos llegó y lejos de calmar los ánimos y los espíritus, lejos de dar sincero y desinteresado abrigo a los desposeídos, revolvió el avispero como tantas otras veces supo hacerlo a lo largo de su historia...Después de todo, era su especialidad.